sábado, 4 de enero de 2014

Eduardo Matos Moctezuma: "Pertenecer al Colegio Nacional, reconocimiento a quienes han dado su vida al conocimiento"


El arqueólogo mexicano se dice orgulloso y distinguido de formar parte del Colegio Nacional.
En 2013 se conmemoraron los 70 años del Colegio Nacional, por lo que el Conaculta entrevistó a destacados miembros de esta institución, quienes hablaron de su experiencia personal y profesional.
Como un reconocimiento a las personas que han dado su vida a la investigación, la docencia, al arte y a las expresiones literarias y artísticas, describió el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México, 11 de diciembre de 1940) la pertenencia de los académicos, investigadores y creadores al Colegio Nacional.


Descubrimiento de Coyolxauhqui

“Un país que reconoce a sus artistas, científicos, y académicos es digno de admirarse, porque las principales naciones en el mundo tienen instituciones y reconocen a su gente. México la tiene a partir de 1943 con el Colegio Nacional, institución en donde se reconoce la labor en diferentes ramas del conocimiento y da un panorama del avance de la ciencia, el arte, la literatura, etcétera”, señaló en entrevista con Conaculta el autor de Muerte a filo de obsidiana.

Eduardo Matos Moctezuma ingresó al Colegio Nacional el 24 de junio de 1993; sus principales trabajos arqueológicos se desarrollaron en Comalcalco, Tepeapulco, Bonampak, Cholula, Coacalco y Tlatelolco. Coordinó los proyectos Tula -en los setenta- y Teotihuacán -en los noventa-.

En su discurso de ingreso el profesor Investigador Emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) destacó la enorme tradición arqueológica de México, la cual –dijo- se ha visto expresada en el Colegio con la presencia de arqueólogos. Uno de ellos, miembro fundador, don Alfonso Caso, y don Ignacio Bernal, discípulo del anterior, ambos especialistas de la región de Oaxaca.

“Desde que se inauguró el Colegio Nacional con los 15 miembros iniciales en 1943, la arqueología ha estado presente con Alfonso Caso, luego Ignacio Bernal, yo fui el tercero. Digamos que lo que me lanzó a esto fueron los trabajos del Templo Mayor que yo dirigí. Eso me permitió acceder como un arqueólogo especializado en el Altiplano. Precisamente cuando presenté mi discurso de ingreso lo dediqué a ellos. Ahora aquí estamos con un enorme orgullo y agradecimiento al Colegio mismo”.

El miembro del Seminario de Cultura Mexicana y de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística puntualizó  que la institución decretada por Manuel Ávila Camacho en 1943 reúne un panorama general en donde a sus 40 integrantes se les considera miembros eméritos de la nación cuya misión es difundir su conocimiento a un público general y amplio.
“Nosotros nos reunimos cada mes, dialogamos y platicamos con los otros compañeros, colegas y aprendemos de otras ramas. Por ejemplo, escuchamos a Mario Molina, un químico Premio Nobel o a José Emilio Pacheco, hay toda una gama de personalidades que forman parte del Colegio mismo y se aprende mucho de ellos”.

Eduardo Matos Moctezuma rememoró que la doctora Beatriz Ramírez de la Fuente, la primera mujer en ingresar al Colegio Nacional, fue quien lo propuso a ser miembro. “Recuerdo perfectamente que me habló a mi casa y me dijo: ‘Qué dice ese nuevo miembro del Colegio Nacional’, bueno, imagínate, para entrar se necesitan muchos méritos. Es una enorme distinción, uno se siente muy orgulloso”.
El investigador galardonado con la Medalla Henry B. Nicholson, Harvard University señaló que cumplir con sus deberes, como el impartir en conferencias, las cuales son una labor muy importante; como miembro de El Colegio Nacional, no es complicado, “en absoluto”.

“Realmente no te absorbe de una manera fuerte, puedes desarrollar perfectamente tu trabajo diario, normal y es muy compatible con las actividades del Colegio mismo. Es un gran placer venir aquí, (a la sede del Colegio, Luis González Obregón 23) platicar con los colegas, programar ciclos de conferencia, etcétera, etcétera”.

Como anécdota, Eduardo Matos Moctezuma, recordó que poco antes de entrar al Colegio el doctor Miguel León Portilla le invitó a dar una charla junta sobre las excavaciones del Templo Mayor. “Se hizo en el Templo Mayor, pero hubo tanta gente interesada que las otras conferencias tuvimos que pasarlas al Museo de Antropología. La gente se agolpaba en los vidrios cuando aquello ya estaba lleno, fue una experiencia interesante que de cierta forma preparó mi camino para ser miembro del Colegio mismo”.

Para el Miembro Honorario del Archaeological Institute of America el lema de la institución “Libertad por el saber” es claro en lo que significa y simboliza. “Para el conocimiento  tiene que haber libertad, libertad de todo tipo, de expresión de cátedra, pues es la que te va a permitir realmente volar y arrancar. Por eso nuestro símbolo es un águila empezando a tomar el vuelo. Esta libertad por el saber es muy significativa porque implica  esa necesidad de que en la libertad se pueden hacer muchas cosas, en las tiranías pues es muy difícil”.

El Colegio Nacional al que ingresó hace 20 años y el actual, comentó, ha ido agregando poco a poco nuevas tecnologías, por ejemplo para dar a distancia conferencias con el fin de estar más al día en estas formas de difusión y divulgación.